Lower Ngau Tau Kok. Este es el nombre del primer edificio comunitario destinado al alojamiento de personas que se construyó en Hong Kong. Hoy es el último que queda en pie. El gobierno local quiere reubicar a las 2900 familias que, según datos oficiales, seguían viviendo en él en junio de 2009. Ese traslado ha levantado la polémica entre los que quieren quedarse porque no conocen otra vida, y los que, poco a poco y en silencio, han ido abandonando el que fuera su hogar durante muchos años.
El conjunto residencial pertenece al distrito de Kwun Tong y fue levantado a finales de los años sesenta del siglo pasado. Una parte del asentamiento original fue derribado en 2003, mientras que los bloques de pisos que quedan en pie serán demolidos en los próximos meses. Las 7300 personas que todavía están aquí habitan pisos de entre 8 y 40 m2. En su día, los siete bloques de pisos que sobreviven fueron venerados como una joya arquitectónica. Hoy, un plan de desarrollo en la zona de influencia de Lower Ngau Tau Kok prevé el derribo del complejo residencial y el traslado de sus habitantes a las nuevas viviendas que desde 2005 y en diferentes fases se están construyendo en la zona cercana de Upper Ngau Tau Kok.
Los vecinos afectados -en su mayoría ancianos y jóvenes de rentas bajas- se oponen a la remodelación urbanística de la zona y a su traslado al nuevo enclave porque consideran que se perderá la esencia que identifica a este tipo de edificios de protección estatal. La zona es epicentro de pequeños comercios regentados por dos o más generaciones de propietarios que hallan su espacio y hogar en los paseos y los mercados de la zona residencial donde viven. Según apuntan algunos analistas, se trata de uno de los últimos ejemplos de pequeña industria tradicional que quedan en Hong Kong.
Lower Ngau Tau Kok se cae a pedazos por dentro, mientras que las calles y plazas que lo rodean mantienen la actividad comercial y de ocio que lo caracterizan. A lo largo de los años sus habitantes han creado, desarrollado y finalmente afianzado una red social de confianza y solidaridad que les ha permitido formar una identidad común a través del espacio público donde viven. Si la gente se va, la identidad se pierde: así de sencillo. El conjunto residencial fue uno de los edificios más altos en el barrio cuando se construyó hace cuarenta años. Hoy es, en cambio, uno de los más pequeños y los rascacielos que lo rodean se abalanzan sobre él para comérselo.
Y mientras se acerca la fecha, todavía incierta, del derribo del edificio, unos defienden que la urbanización tiene un marcado simbolismo dentro de la cultura hongkonesa y que sus habitantes no quieren irse. Otros, en cambio, recuerdan el peligro evidente que supone el creciente deterioro de las instalaciones de luz y de agua; la necesidad de seguir expandiendo la modernidad arquitectónica dominante ya en Hong Kong -para mantener la coherencia con otras transformaciones que catapultan la ciudad hacia el crecimiento económico- y, finalmente, el abandono de una administración que comprende que no tiene mucho sentido invertir en un bloque de pisos que va a desaparecer.
El gobierno local de Hong Kong construyó los edificios para albergar a
familias inmigrantes que buscaban un futuro mejor.
Un hombre cabizbajo atraviesa una plaza delante de uno de los edificios.
Los vecinos de Lower Ngau Tau Kok han
convivido juntos durante varias generaciones.
Lower Ngau Tau Kok es zona de contrastes. La decadencia de los edificios
contrasta con la energía de los niños que juegan en las plazas.
El interior de los comercios es un reflejo
del interior de los hogares en Ngau Tau Kok.
Por higiene, el calzado de los visitantes se
deja siempre fuera del espacio privado.
Los pasillos de Lower Ngau Tau Kok tienen un denominador común: pintura desconchada,
rejas de hierro oxidado, falta de ventilación, escasez de luz.
Los rellanos donde se filtra la luz solar los residentes aprovechan
para descansar e incluso fumar un cigarrillo.
Los niños que viven en el complejo residencial son hijos de aquellos
residentes que tienen rentas más bajas y no pueden pagar una vivienda mejor.
El mahjong es un juego de mesa chino que el régimen comunista prohibió durante muchas
décadas. Desde 1998 es considerado deporte nacional.
La falta de mantenimiento puede
desembocar en peligro.
El cartel de la izquierda menciona la desaparición del anciano de la fotografía, hecho cada
vez más frecuente en una población mayoritariamente envejecida.
El de la derecha, recuerda que la zona ha sido desratizada.
Comercios cerrados queya no abrirán las puertas en el nuevo
emplazamiento de las familias.
Los mayores no tienen una edad de jubilación concreta. La soledad
ocupa el espacio que antes llenaba la jornada laboral.
Los negocios de Lower Ngau Tau Kok cumplen el mismo esquema arquitectónico que los
edificios del conjunto residencial: pasillos estrechos pero muy largos en los que
se aprovecha todo el espacio.
Tienda de medicina tradicional china. En esta tienda los enfermos compran los
ingredientes y preparan ellos mismos los medicamentos.
Muchas personas de edad avanzada se ven obligadas a seguir trabajando. Esta anciana
recibe un salario a cambio de recoger basura para su posterior reciclaje.
No existe una frontera física entre el espacio del comercio y la vía pública.
Cocina de un restaurante en los bajos de uno de los edificios.
Lower Ngau Tau Kok acoge su último festival anual. Cuando el festival termine,
los camiones se llevan el material: aquí empieza el proceso de desmantelamiento del barrio.
Un hombre cierra una verja tras de sí. Cuando todos los residentes se hayan ido, los pisos y
comercios quedarán cerrados. El abandono precederá al derrumbe.